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Agallas


Cuando paseaba por la sierra el otro día encontré un pequeño y extraño fruto que me llamó la atención y que no supe identificar. Mi compinche Irene tampoco logró saber lo que era en un primer momento, pero al rato salió con una hipótesis... ¿Podría ser una agalla de quejigo (Quercus faginea)?.





Si no sabes de qué te estoy hablando, te preguntarás... ¿Qué son las agallas?.


Las agallas son unas protuberancias que segregan determinados árboles tras la picadura de un insecto u otro organismo inductor, como ciertas bacterias, algas, viruses y hongos.

El tejido vegetal crece tras esta interacción produciendo una forma u otra según la especie u organismo con el que se relaciona. La agalla pues sirve de nido y alimento para la descendencia del organismo o insecto.


Antes se pensaba que los árboles producían esta agalla llena de taninos para defenderse de la picadura pero no está tan claro que sea así. Lo que sí está claro es que determinados insectos se han ido especializando en variedades concretas de árboles y han manipulado la genética y la fisiología de la planta para usarla como una extensión y soporte de su proceso reproductivo.


Debido a la complejidad de este fenómeno, existe una ciencia que se encarga de estudiarlo en profundidad: la Cecidología.


Sección de una agalla, con las larvas creciendo en su interior.


Sabemos que la larva ha crecido y salido de la agalla cuando encontramos una pequeña perforación. A partir de ese momento ya podemos usar este material sin dañar a ningún ser vivo.


Las agallas de Roble (Quercus robur) se han usado tradicionalmente en tintorería para fijar los tintes a las fibras, en el proceso que se conoce como mordentado. Además no transfieren ningún color extra que modifique los colores de la fibra.


Agalla de Quercus faginea y de Quercus robur.


Estas agallas eran utilizadas además para generar tinta ferrogálica: una tinta oscura muy valorada en la antigüedad por su calidad y negrura, perfecta para la escritura con pluma. El negro de esta tinta se da al mezclar taninos con hierro, dándose una reacción química que oscurece el líquido (haremos otro artículo sobre esto en detalle).


Las agallas o cecidias contienen ácido gálico al que se le han atribuido propiedades biológicas tales como antioxidante, anticancerígena y antiviral.


La forma más reconocible de agallas son unas esferas de unos 2cm de diámetro, seguramente la primera versión de canicas con las que los niños jugaban antiguamente.


También habrás oído la expresión, ''tener agallas''. Es otra forma de referirse a bolas, pelotas, huevos... como sinónimo de coraje. Denota una evidente convivencia con el medio natural que llega al lenguaje y es una herencia de nuestro pasado rural.



Increíble como todos los días aprendemos algo nuevo cuando nos adentramos en el mundo de los colores naturales.


Un placer compartir lo que aprendo contigo a través de este blog.



Abrazos simbióticos


Sil



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